Eldor

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Eldor
Simboloeldor2.png
El Sol y las siete estrellas
Simbología
Otros nombres Padre de la Luz, Señor del Firmamento, Astrónomo Supremo, el Buen Dios
Representación Una luz resplandeciente, una voz atronadora, un rayo de luz entre las nubes. También un hombre maduro, fuerte, coronado de estrellas o sentado en un trono de nubes
Simboliza El Aire (elemento)
Colores Azul, blanco, plata y oro
Armas Alabarda, espada larga —Resplandor de la Esperanza
Árbol Avellano, encina
Mes Agosto, mes de la luz
Influencia y valores
Defiende La luz, la justicia
Combate El mal, el crimen, la oscuridad
Alineamientos permitidos Los alineamientos de los fieles de Eldor son:
  • Legal Bueno
  • Neutral Bueno
  • Legal Neutral
Bendice a Jueces, astrónomos
Culto
Lugares sagrados El Arameldor
Iglesia Iglesia muy jerarquizada, con rituales complejos
Fieles Eldoritas
Festividad Ritos durante su mes dedicado
Dogma
"La luz da forma al mundo e ilumina la verdad, pues sin ella no hay justicia. No temas a la oscuridad, pues toda luz tiene su sombra; pero no la abraces ni te entregues a ella, combátela sin vacilar, porque el mal prospera donde surge la duda. Sigue el camino recto hacia el Buen Dios aunque el sendero se tuerza, y sé guía para los demás, pues no hay atajos en su senda, pero nadie ha descendido a una oscuridad tan profunda que no pueda ser redimido. Y alzando la vista cada amanecer, recuerda que siempre hay esperanza, pues no hay noche tan larga que eclipse el mandato del alba."

Eldor es el dios del aire y, según el Mito de la Creación, una de las cuatro grandes deidades elementales a las que Marish, el Gran Padre, otorgó Nombres Verdaderos en el albor de los tiempos. Representa el orden celestial y la luz que guía a los seres que habitan bajo el firmamento. Fue él quien encendió las estrellas en el cosmos antes del nacimiento de Mundo y participó de esta creación de Sarra otorgando nuevos nombres para ella y junto a ella. Cuentan los mitos que Eldor amaba a Sarra y rivalizó con Trako por sus atenciones. La diosa de la tierra eligió la compañía del dios del aire porque vio en él una bondad que jamás encontró en el dios del fuego. Así, la rivalidad entre los hermanos, forjada desde su nacimiento, estalló en el largo conflicto entre los dioses que aún hoy perdura.

Ámbitos de influencia

Como dios del aire y el firmamento, la presencia de Eldor alcanza todos los rincones; es la luz que guía a los mortales y el orden celestial que sostiene la creación. Desde el inicio de los tiempos ha sido venerado como guardián de los cielos y de la esperanza frente al mal y la oscuridad. Juez y protector, ha inspirado a reyes y sabios, y sus fieles lo reconocen en cada estrella que ilumina la noche y en el sol que amanece.

Padre de la Luz

Eldor es un dios de corazón bondadoso, aunque su ira es implacable contra los enemigos de la luz. Severo pero justo, siempre está en el lado opuesto a las maquinaciones del mal que representan los planes de Trako. Aunque las diferentes culturas de Mundo aportan sus matices a la figura del dios, todas coinciden en asociarlo a una luz cegadora. Rara vez interviene directamente, pues prefiere actuar a través de sus emisarios y heraldos, confiando en la capacidad de los mortales para forjar su propio destino.

El Buen Dios

Gobierna sobre los cielos a los que dio nombre en el principio de los tiempos. Concede la luz del día para alejar a los mortales de la oscuridad, y aun en la noche les regala las estrellas para señalarles el camino, evitando que la luz desaparezca por completo. El aliento de Eldor envuelve Mundo y sostiene a quienes lo habitan, reconfortando a los que desfallecen y dando fuerza a quienes desean redimirse; pero bajo el firmamento del dios ninguna sombra puede ocultarse eternamente, y aquello que rechaza la luz acaba sometido a su juicio.

Señor del Firmamento

Aunque el amanecer sea su momento triunfal, la influencia del dios no desaparece en el ocaso. Las constelaciones que se elevan en la noche narran los hechos de los más fieles seguidores de Eldor, recordando a los mortales la importancia del deber y el valor. Cuentan que héroes legendarios como los aldorianos Erik Del·lasale Kandiski y Dorian Delacroix, o el eyneo Augus Espadadorada, forman parte de estas constelaciones, pues tras sus muertes nuevas estrellas brillaron en el cielo nocturno. Emisarios, paladines y clérigos del dios, sirven con sus actos como ejemplo entre los mortales y, por ello, tienen un lugar reservado junto al dios del firmamento en sus dominios.

El culto a Eldor

El culto a Eldor, como ocurre con el resto de los dioses mayores, ha estado presente desde tiempos remotos. A lo largo de la historia, ha adoptado múltiples formas y es venerado por diversas razas y culturas. Incluso en las zonas más recónditas de Mundo, donde las creencias siguen ligadas a los elementos primordiales y las grandes fuerzas que sostienen el orden natural, el dios del aire es representado con distintos nombres y símbolos entre quienes buscan protección y justicia, y entre quienes ven en él a un rival o una amenaza.

La devoción a Eldor es especialmente fuerte entre los elfos yag, que según las leyendas fueron creados por Sirgga como regalo para él. Por su longevidad y naturaleza bondadosa, los yag mantienen una unión especial con las fuerzas de Mundo y perciben con claridad la lucha eterna entre la luz y la oscuridad, viéndose a sí mismos como guardianes de la luz de Eldor a lo largo de las edades.

Los símbolos que lo representan varían según la región. En Yagerth, los elfos utilizan el disco de plata, mientras que en Sirdaria se le asocia con un yunque dorado, emblema de la fuerza que sostiene el cielo sobre los mortales.

Eldor en tierras aldorianas

La historia de Aldor está profundamente ligada a Eldor. El fundador del reino, Aldor I, fue un devoto del dios de la luz y vinculó la corona a sus principios virtuosos. Varias órdenes de paladines, como la Mano de Plata o los Heraldos del Amanecer, surgieron inspiradas por su fe al servicio del dios y de la corona. Durante siglos, Aldor fue un bastión de la luz frente a la sombra del reino oscuro de Udukán.

Con la llegada de la Cuarta Edad, la devoción a Eldor se debilitó y pasó a ser minoritaria. Muchos consideraron que la fidelidad de la monarquía al dios había conducido al desastre y a la caída del reino, lo que desató revueltas contra sus sacerdotes y templos. Pese al rechazo y a su menguante influencia en las tierras aldorianas, Eldor no abandona a los suyos, y aún hay quienes esperan el regreso de la luz.

Lugares sagrados

Aunque el culto a Eldor se haya relacionado con templos fastuosos en grandes ciudades y cortes, se dice que los altares más antiguos de Eldor fueron levantados en las cumbres montañosas, donde el aire es puro y el cielo parece más cercano. Allí, según viejas tradiciones, se rendía culto también a las grandes aves que surcan las alturas, guardianas del firmamento y mensajeras del dios.

Algunos de los lugares más importantes o consagrados al dios del aire son:

  • Arameldor: la montaña sagrada que se alza en la isla de Balesto. En su cima se encuentra el palacio de Eldor, donde las almas de los grandes héroes consagrados a su servicio aguardan el día en que sean llamados a combatir contra el mal.

Clero y rituales

Aunque existan distintas formas de veneración a Eldor, esto no altera la naturaleza unitaria de la Iglesia Eldorita. Esta institución mantiene una misma estructura jerárquica y una doctrina común, considerando que su autoridad espiritual procede del dios de la luz.

La Iglesia Eldorita

La Iglesia de Eldor se caracteriza por una estructura fuertemente jerarquizada. En cada región, conocida como Sanctum, existe un Sumo Sacerdote, clérigo que ostenta la máxima autoridad religiosa, en ocasiones compartiendo influencia con algún paladín o campeón de Eldor encargado del brazo armado.

Aunque cualquier miembro puede ascender dentro de la Iglesia según sus capacidades, la autoridad espiritual recae siempre en el clero, considerado el verdadero representante de la voluntad del dios. Entre ellos, los mejores oradores suelen ser enviados a tierras lejanas para extender la fe y atraer nuevos fieles, mientras que aquellos de mayor voluntad y conocimiento espiritual o demonológico son formados como exorcistas e inquisidores que persiguen la presencia del Mal allí donde se manifieste. Estos actúan acompañados por paladines, que ejecutan las órdenes del clero.

Ritos

Los rituales eldoritas siempre fueron solemnes, con gran atención a los protocolos y la ortodoxia religiosa. Con el paso del tiempo adquirieron aún mayor formalidad, hasta el punto de resultar lentos y extremadamente ceremoniales. Por ello, a ojos del pueblo son percibidos como distantes y elitistas, especialmente en comparación con los cultos sencillos de otras deidades.

En la lucha contra la oscuridad, los servidores de Trako hallados culpables son purificados por el fuego, de modo que las llamas de su dios consuman su carne y su espíritu liberado pueda ser juzgado ante Aidel en el Arameldor.

Órdenes de caballeros y brazo militar

Las órdenes eldoritas sirven tanto al dios como a aquellos gobernantes considerados dignos de su luz, actuando como defensores de la fe frente a las sombras del mal y como brazo armado de la Iglesia allí donde su autoridad aún perdura.

Aunque existe distinción entre el brazo espiritual y el militar de la Iglesia de Eldor, son siempre los clérigos quienes detentan la autoridad última. Paladines, campeones y miembros de órdenes de caballeros eldoritas deben acatar sus mandatos, incluso cuando proceden de un Sanctum distinto, siempre que no contradigan las órdenes de sus superiores. Desobedecer a un clérigo se considera una afrenta directa a Eldor.

La Iglesia Eldorita en Yagerth

Entre los yag, la Iglesia de Eldor conserva la importancia de tiempos pasados. Su visión de la guerra entre la luz y la oscuridad como un conflicto eterno refuerza su fidelidad al dios, sin fisuras.

El clero se organiza en torno a cada templo, si bien el concepto de templo de los elfos del bosque no siempre coincide con la concepción humana. Al frente de cada uno de estos lugares está el o la Valaistu, clérigo o clériga de mayor rango que se encarga de dirigir los cánticos y rituales de la comunidad formada en torno al lugar sagrado.

Profetas y clérigos errantes

Aunque la Iglesia Eldorita se considera la legítima representante de la voluntad del dios, a lo largo de la historia, han existido ermitaños, profetas y sacerdotes errantes tocados por los dones de Eldor sin reconocimiento de los Sanctum.

La Iglesia toleró estas figuras siempre que no contradijeran su doctrina. Para algunos esto demostraba que Eldor continúa guiando a los mortales incluso lejos de los templos; para otros, supone una amenaza al orden y la unidad de la fe.

Los elfos creen que la voluntad de Eldor debe preservarse sin alteraciones a través de los templos y sus clérigos, y que la correcta transmisión de la palabra y los rituales del dios exigen continuidad y disciplina, por lo que este tipo de figuras son extremadamente raras entre los de su raza.

Mitos y leyendas

Eldor, Señor del Firmamento

Los mitos y leyendas sobre Eldor hablan de un dios benévolo pero estricto, guardián de la luz y representación del bien frente a las fuerzas de la oscuridad. Se presenta como una deidad rígida e inflexible, convencida de que existe un único camino correcto para mortales y dioses, siempre en oposición a Trako, ambicioso señor del mal y la oscuridad. La rivalidad entre ambos ocupa un lugar central en la mitología, y en torno a ella se articulan numerosos relatos que tratan de explicar el orden de Mundo y el paso del tiempo.

De los dioses

La bondad de Eldor lo sitúa junto a Sarra desde los primeros compases de la creación. La tradición sostiene que el dios del aire se unió a ella en el acto de dar forma a Mundo, y de esta unión surgirían algunos de los dioses más cercanos a los seres mortales, Vryllia y Sirgga. Muchas tradiciones sitúan también en este tiempo el origen de la rivalidad irreconciliable entre Eldor y Trako, pues la cercanía entre Sarra y el dios del firmamento despertó la envidia de su hermano y terminó de separarlos definitivamente.

A pesar de la afinidad entre Eldor y Sarra, no siempre coinciden en su forma de entender Mundo y a los seres que en él habitan. Sarra es capaz de amar toda vida surgida de la creación, mientras Eldor considera que algunas sombras deben desaparecer. Aun así, los relatos suelen mostrar a un Eldor indulgente con los deseos de la diosa, que es la única capaz de apaciguar la ira del dios del firmamento cuando este dirige su mirada hacia la oscuridad traída por Trako.

El pensamiento eldorita coincide en que Eldor desearía ver en sus vástagos un mayor compromiso frente a las fuerzas de la oscuridad, aunque respeta sus decisiones, como hace con las demás deidades que no persiguen metas claramente malignas.

La rebelde Vryllia, descrita en numerosos mitos como una joven indómita, le recuerda demasiado a Sarra como para no tolerar su naturaleza cambiante. La tradición habla de una relación distante, pero no exenta de comprensión; Eldor nunca aparta su mirada de ella, como el cielo que sostiene el movimiento de las nubes sin tratar de detenerlas, sabiendo que Vryllia nunca se aleja del todo de su presencia. A Sirgga lo ve más afín y lo observa de cerca. En muchas leyendas aparecen caminando juntos, discutiendo sobre la forma en la que entienden el orden de Mundo, aunque en los momentos decisivos, cuando la oscuridad se muestra sin ambages, el dios del firmamento contempla en silencio cómo la voluntad de Sirgga se inclina hacia el lado correcto, como si siempre hubiera sabido cuál sería su decisión.

Existen escasas referencias en las que Eldor y Leit aparecen juntos más allá de los que hablan de la propia creación de Mundo, pues el dios del firmamento no entiende la imparcialidad de su hermano. Solo algunos cantos remotos aluden a la pequeña satisfacción que Eldor obtiene cuando los dioses más jóvenes, y especialmente Jaqoh, empujan a Leit a intervenir en los asuntos de Mundo, pues es entonces cuando reconoce en él algo familiar y la distancia entre ambos parece, por un instante, acortarse.

Eldor y Trako aparecen en innumerables mitos y leyendas como dos fuerzas enfrentadas desde el mismo despertar de los dioses. Las fuentes más antiguas los describen como hermanos, rivales primero y enemigos después, representando formas opuestas de entender Mundo y el lugar que deben ocupar los dioses y mortales en él. Desde entonces, los mitos presentan su enfrentamiento como una lucha eterna cuyas consecuencias alcanzan a seres mortales e inmortales por igual. Algunas historias aseguran incluso que todos los nombres otorgados por ellos arrastran la huella de esta rivalidad: la magia de Lebrak, capaz de obrar maravillas o atrocidades; las guerras traídas por Amal, capaces de esclavizar y liberar; o el destino de las almas disputadas a Ruballa, señora del olvido final.

A pesar de todo, las profecías que hablan del fin de los días dicen que ninguno de los dos puede destruir realmente al otro, pues la luz no puede existir sin su sombra, ni la oscuridad sin la luz. El día en que uno de los dos desaparezca llegará también el final de Mundo tal y como lo conocen dioses y mortales.

De los seres mortales

Cuando las primeras civilizaciones comenzaron a alzarse en Mundo, la rivalidad entre Eldor y Trako encontró un nuevo escenario. Los mortales les resultaban fascinantes por su carácter impredecible. A diferencia de los dioses, cuya naturaleza permanece unida a aquello que representan, los mortales podían elegir cualquier camino y esto los convirtió en el centro de su atención.

Eldor halló en los elfos a sus más fieles defensores y, con el nacimiento de las razas humanas, también se fijó en ellos guiando a reyes, héroes y profetas para contener el avance del mal.

Las primeras historias sobre esta rivalidad sitúan a los yag en el centro del conflicto, pues Eldor veía en ellos el reflejo más puro de sus ideales. Sin embargo, Trako quiso demostrar que incluso las almas más puras podían caer en la oscuridad, e hizo caer a Aidow, la más pura sacerdotisa de Eldor, y enfrentó a los elfos entre sí y de esta lucha nacieron los elfos oscuros.

Desde entonces, ambos dioses extendieron su conflicto a través de campeones y heraldos. A lo largo de las edades, reinos enteros se levantaron unos contra otros en nombre de la luz o la oscuridad. Las crónicas sitúan en la Tercera Edad el último gran periodo de influencia de Eldor sobre los pueblos humanos, especialmente a través del Reino de Aldor, cuyos reyes y órdenes sagradas lucharon durante generaciones contra las fuerzas de Udukán. La caída de Aldor en la Gran Guerra y la victoria de las fuerzas oscuras hicieron que muchos comenzaran a apartarse de un dios al que veían más como enemigo de Mal que como protector de los pueblos de Mundo.

El dios del aire comprendió que muchos pueblos dirigieran sus plegarias a deidades más cercanas a sus preocupaciones y nunca se apartó de ellos, manteniéndose vigilante, porque sabe que Trako no dejará de mover sus hilos. Los relatos proféticos dicen que cuando la oscuridad vuelva a extenderse sobre Mundo, la luz acudirá una vez más a combatirla.

Los yag, sin embargo, nunca renunciaron a su antiguo compromiso con Eldor. Los cantos élficos recuerdan la Retribución de la Luz, la última gran cruzada en la que los Soldados de la Luz expulsaron a las fuerzas oscuras del valle del Lames, permitiendo que la esperanza regresara a una tierra sumida durante siglos en las sombras.

Nombres en otras lenguas

  • Eyneo y lénico: Eldereos (Paladín de los Cielos)
  • Sirdario y levonés: Azaukhorîm (Forjador de Astros)
  • Yag: Theler Eleros (Luz Creadora)
  • Tassia: Belur (Impávido Adalid)
  • Leakhán: Kainosskha (Enemigo del Oeste)
  • Yagûl: Sil'eehr (Hendedor de la Noche)
  • Merón: Eldrum (Hacedor de Leyes)
  • Contio: Ellerdel (Amanecer de las Aguas)
  • Halaii: Raal (Luz Abrasadora)