Akhatos
Heraldo de Trako, El Mesías Oscuro, Señor de Udukán
Akhatos es un espíritu inmortal engendrado para subyugar a los mortales bajo el dominio de Trako. Es el último de los hijos, o heraldos, que el dios del fuego engendró en el mundo de los mortales para cumplir su voluntad, y es quien desencadenó los acontecimientos que conducirían a la Gran Guerra. Después de la guerra que destruyó el reino de Aldor, y dio inicio a la Cuarta Edad, se retiró a Udukán como su señor absoluto.
Heraldo de Trako
El mortal Akhatos nació mediante la unión carnal de la acólita Eve Cissna y el caballero oscuro Darkon Filomortal, ambos miembros de la secta de la Legión Oscura, dentro de un ritual destinado a engendrar un vástago digno de servir a Trako. Su nacimiento tuvo lugar a finales de la Tercera Edad en el reino de Aldor, y auguró acontecimientos funestos por todo el reino, así como varios años de calamidades y malas cosechas. Akhatos fue preparado para convertirse en una herramienta del dios del fuego; iniciado en las artes mágicas por su madre mortal y en la guerra por su padre mortal, cuando alcanzó la madurez se enfrentó a la prueba final para ascender como heraldo de Trako asesinando a su propia madre y sobreviviendo a un enfrentamiento contra el demonio Bel'gaur. Tras su éxito, el mortal que era Akhatos fue ascendido, tras ser imbuido con la esencia de Trako, abandonando su mortalidad para ascender como espíritu inmortal.
Mesías Oscuro
Después de su ascensión, Akhatos marchó a Udukán siguiendo los designios de Trako. Congregó legiones de fieles, alentó a toda criatura maligna a que se preparara para la inminente guerra y, según los rumores, no reclamó el trono de Udukán, prefiriendo mantener su dominio en la sombra. Desde su refugio en las laderas orientales de Hyan ultimó sus planes definitivos, impulsando numerosos ataques contra Aldor para poner a prueba sus defensas una y otra vez. Los héroes aldorianos eran conscientes del peligro que suponía Akhatos y trataron de destruirlo, pero su condición de inmortal lo colocaba más allá de la posibilidad de los mortales para darle muerte.
Cuando la Gran Guerra empezó, Akhatos se mantuvo cerca del señor oscuro Ma'kaan como consejero. Ma'kaan no confiaba en Akhatos, pues esperaba la traición del heraldo de Trako, pero este se mantuvo leal, impulsando la causa del Caudillo Ígneo hasta su victoria total. Akhatos había aprendido que el poder no solo se demostraba desde un trono, sino que la capacidad de manipular a los demás, y cumplir los designios de uno, era incluso más poderosa que cualquier otra arma que pudiera esgrimir.
Señor de Udukán
Akhatos participó en la Batalla de Nueva Angor dirigiendo a los demonios de fuego de su amo, pero en el punto álgido de la batalla Ma'kaan fue destruido por el gran maestre de los Heraldos del Amanecer, Renné Le Chateau, que hizo uso de un potente conjuro, algunos dicen que un Nombre Verdadero. Con él también desencadenó el cataclismo mágico que separó la magia de Mundo. El Advenimiento de la Niebla provocó la desaparición de centenares de demonios de fuego menores, debilitando a las huestes de Udukhán e incluso al propio Akhatos, que decidió retirarse de la batalla.
La razón exacta por la que se retiró del asedio de Angor se desconoce. Los más optimistas aseguran que el Mesías Oscuro no veía capaz a su ejército de tomar la ciudad sin sus demonios y hechiceros, pero otros creen que la mente preclara de Akhatos vio una mayor ventaja ahora que Ma'kaan habia dejado vacante el trono de Udukán. Desde ese momento, Akhatos se sienta en el trono de Kadún, o eso se cree, pues nadie lo ha visto desde hace más de quinientos años. En su lugar gobiernan poderosos demonios que dicen cumplir su voluntad, como Agirê Xudan, la Voz del Fuego.